lunes, 5 de marzo de 2012

Analizando "Bodas de Sangre"(1) de Federico García Lorca



Bodas de Sangre es una obra escrita por el destacado representante de la Generación del 27, Federico García Lorca, en ella se plasma desde el título, una tragedia que involucra a personajes femeninos que, con el fin de alcanzar cierto grado de libertad y amor, transgreden las normas de la sociedad, la misma que se presenta como conservadora, que rotula el papel que la mujer debe cumplir en sociedad.

Para denunciar estos males, García Lorca, hace uso de una serie de simbolizaciones que van a tratar de graficar las dicotomías que se presentan: amor / desamor, razón / sentimiento, vida / muerte, hombre / mujer. En la figura femenina se plasma el deseo, del autor, de cambiar el papel de la mujer, de hacerla tan importante como la del hombre, buscando igualdad de condiciones en una nueva configuración de la sociedad, una que no nos enmarque en convencionalismos, sino,  que permita la expresión de la libertad, en todos sus aspectos.
 La fatalidad, lo trágico e inevitable viene dado por la fuerza de la naturaleza, cuya representación se manifiesta a lo largo de toda la obra. Esta idea muestra sus primeras luces en el primer acto con el personaje de la Madre, ella asume el sino trágico de su familia, por ese motivo es una constante que  rememore la muerte, en primer lugar, de su esposo, y en segundo lugar, de su hijo: “Primero, tu padre, que me olía  a clavel y lo disfruté tres años escasos. Luego, tu hermano…”. Su representación juega un papel importante, ya que, se muestra como una figura que percibe lo inevitable. Es más, pareciera que aceptara su destino: la pérdida de sus seres queridos. Los objetos como la navaja, el cuchillo y hasta las azadas, son instrumentos que detesta: “Malditas sean todas y el bribón que las inventó”, sabe que estos son armas fulminantes: “Todo puede cortar el cuerpo de un hombre”, y que por ellos perdió a parte de su familia. Sin embargo, asume la resignación del uso de una de esas armas por su hijo: “No sé cómo te atreves a llevar una navaja en tu cuerpo, ni como yo dejo a la serpiente dentro de tu arcón”. Quizá esta resignación se entienda a partir de dos postulados: en primer lugar, se puede manifestar que la navaja es un instrumento de sacrificio; en segundo lugar, el hombre se presenta como simbolización de la planta: “Dos hombres que eran dos geranios”, ambos al unificarse estarían ofrendando al elemento de la naturaleza: la tierra, esta como elemento que da vida estaría representando la continuación de la existencia de la familia de la Madre. Un segundo aspecto en el que se aprecia la fuerza de la naturaleza se encuentra en el segundo acto, en la manifestación de la novia en su conversación con Leonardo: “Y me arrastra y sé que me ahogo, pero voy detrás”. Asimismo, Leonardo poco antes de morir señala: “Que yo no tengo la culpa, /que la culpa es de la tierra”. En el tercer acto, también, esta misma fuerza insuperable inviabiliza el querer contravenir con los designios de la tierra, pues ya está marcada, ya tiene sus pautas, esto se manifiesta en la voz de los leñadores:

                        Leñador 1: se estaban engañando uno al otro y al final la sangre pudo más.
                        Leñador 2 : ¡La sangre!
                        Leñador 1: Hay que seguir el camino de la sangre.
                        Leñador 2: Pero sangre que ve la luz se la bebe la tierra. (pág.45)

En el texto dramático se plasma la presencia de elementos cargados de simbolismo. Desde el título de la obra: Bodas de sangre, hay una significado que se presenta sugerente, García Lorca, adelanta lo que ha de acontecer: un matrimonio en el que la muerte, el infortunio y la fatalidad estarán presentes. Estas referencias encuentran, su manifestación, en los objetos, colores, elementos naturales y hasta en personificaciones. De esta manera, se presentan la luna y la mendiga para simbolizar a la muerte, la luna como muerte propiamente personificada en un leñador, cuya función es cegar la vida de la naturaleza, en este caso la del hombre; ansía la sangre: “Pues esta noche tendrán mis mejillas roja sangre…”, y la mendiga como elemento que participa en complicidad con la luna para llevar a la muerte. Un elemento cargado de gran simbolismo es el erotismo cuya representación se manifiesta en el caballo, este muestra un empuje de la sexualidad que arrastra a Leonardo hacia el objeto de deseo: “Pero montaba a caballo y el caballo iba a tu puerta”. El elemento que simboliza la fatalidad es la navaja, ella representa la muerte, el destino trágico, se presenta en el inicio de la obra con la alusión que la Madre hace respecto de las muertes de su esposo e hijo, es con este mismo objeto que pierden la vida su último hijo y Leonardo. Inclusive los colores connotan a los personajes, el vestido de color negro hace referencia al sentimiento de tristeza que siente la novia por el matrimonio con una persona a quien no ama, el azahar (flor de color blanco) representa la pureza, la virginidad de la novia. “Quiero que sepa que yo soy limpia, que estaré loca, pero que me pueden enterrar sin que ningún hombre se haya mirado en la blancura de mis pechos”. Todos estos símbolos juegan un papel importante por su significación en cada elemento, permitiendo el entendimiento e interpretación que nos acerca a la obra.

Se postula el rompimiento del equilibrio social, en la representación de la figura de Leonardo. Si se repara en los nombres de los personajes se ha de notar que ninguno de ellos tiene nombre propio, estos están referidos como: la novia, el novio, la madre, la suegra, el padre, la vecina, etc. Solo un personaje se presenta con nombre propio y este es Leonardo. Esto se grafica de esta manera, debido a que él representa el rompimiento del equilibrio social, entendido como ente que transgrede las normas convencionales propias de la representación de esa sociedad. En la obra también hay un protagonismo de figuras masculinas, pero que se diferencian de aquel, ya que buscan la continuidad de las normas sociales. El padre de la novia se presenta como un personaje ambicioso que desea casar a su hija por la unión de tierras, sin importarle el sentimiento que esta guarda; el novio, se configura como un hombre trabajador, pasivo, subordinado a la madre, condescendiente con la novia. Es así que la figura de Leonardo guarda importancia porque rompe con estos esquemas sociales. Él, a pesar de estar casado y tener un hijo, no reprime el amor que siente por la novia, quien está dispuesta a respetar las normas de la tradición aceptando casarse con un hombre a quien no ama, manifiesta su apasionamiento, no oculta sus sentimientos a nadie, ni a su propia mujer. Va a ver a la novia cada día montado en su caballo, lo hace a ocultas porque sabe que “está mal”, porque es consciente de que lo pueden condenar. Sin embrago, se arriesga seduce a la novia, se fuga con ella, se libera de su encadenamiento y se deja llevar por su amor erótico:
                        Vamos al rincón oscuro,
                        donde yo siempre te quiera,
                        que no me importa la gente,
                        ni el veneno que nos echa. (pág.52)
Esta manifestación es el más claro rompimiento de las normas de la sociedad, por el sentimiento individualista y apasionado que manifiestan los personajes.

Existe una presencia de personajes femeninos que sirven como eje central para el desarrollo de la trama. Dentro del texto dramático la presencia de los personajes femeninos se manifiestan como una clara representación del papel que cumplían las mujeres en la sociedad de esa época, esto es, supeditadas al sufrimiento, y al sometimiento de la naturaleza masculina. Ello se aprecia en las figuras de la madre, la novia y la mujer de Leonardo; sin embrago, se plantea revertir esa condición en la configuración del accionar de la novia. Estos tres personajes femeninos viven en una sociedad que las limita en la elección y mejora de sus vidas. Así la mujer de Leonardo, vive sumisa frente a él, acepta que no tener su afecto, se resigna a ello, a esa vida de desamor. Incluso cuando es muerto su esposo su madre la condena al encierro y al más puro sufrimiento, como si, convencionalmente, fueran funciones de una mujer: “Tú a tu casa. Valiente y sola en tu casa. A envejecer y a llorar”. La Madre, no eligió ser una mujer destinada a llorar la muerte de su familia: primero la de su esposo, luego la de sus hijos, mas acepta ese destino trágico. Sin embargo, a diferencia de lo otros personajes, muestra una fortaleza cuando se trata de limpiar la honra de su hijo varón: aun sabiendo que la muerte le llegaría pide a su hijo, en nombre de la dignidad, ir tras de Leonardo: “¡Anda! ¡Detrás! No. No vayas. Esa gente mata pronto y bien…; pero sí, corre, y yo detrás”. Por último, la representación de la novia, primero, como mercancía que el padre posee para negociar, luego, como propiedad que pasa del padre al novio. Empero, ella abre las puertas a la liberación de la mujer al ir en contra de todo orden social y dejarse llevar por las pasiones. En esta figura se plasma el deseo, del autor, de cambiar el papel de la mujer, de hacerla tan importante como la del hombre, buscando igualdad de condiciones en una nueva configuración social.

Se presenta la dicotomía: razón/ pasión, como una lucha interna por conservar normas sociales, por un lado, y dejarse llevar por la pasión erótica, por otro. Esto está representado en la relación desatada entre Leonardo y la novia, ambos guardan sentimientos del pasado, no han olvidado su amor; por un lado se presenta una novia que acepta casarse para saciar la ambición de su padre: “Lo mío es de ella y lo tuyo de él, Por eso, para verlo todo junto, ¡que junto es una hermosura!”, su razón la lleva a aceptar al novio para juntar las tierras, tener hijo, hacer una vida; sin embargo, la pasión que siente por el amor del pasado, al escuchar el nombre de Leonardo hace que cambie su perspectiva y su relativa tranquilidad: “¡Mentira! ¡Mentira! ¿A qué viene aquí?”, le atormenta la idea de saberse que será de otro y no de él, hasta que seducida por Leonardo acepta huir con él, a pesar de haberse concretado el matrimonio, rompiéndose de este modo las normas sociales. Por otro lado, se presenta la figura de Leonardo, él siente amor por la novia, ese mismo sentimiento hace que todas las noches cabalgue hasta su casa para contemplarla desde sus aposentos, aunque siente que ello no está bien, pues él está casado tiene un hijo y la mujer a quien ama está comprometida. Existe una lucha interna en él, por un lado está su amor, por otro las barreras sociales que impiden se concretice esa unión. Ambos personajes emplean la razón para mantener la convencionalidad, no obstante la pasión, el amor, el erotismo puede más: “Yo no debo hablarte siquiera. Pero se me calienta el alma de que vengas a verme y atisbar mi boda…”, así de una lucha casi descarnada la pasión se impone como única manifestación de los sentimientos de ambos personajes, la misma que lleva al desarrollo de un final envuelto en una esfera trágica.

La obra Bodas de Sangre es un texto cargado de gran simbolismo, todo elemento que se presenta guarda significados que permiten una mejor comprensión acerca de la muerte, el amor, la libertad y el sentido de la fatalidad. Este representación del sino, se diferencia de la tragedia griega, porque se asumen elementos de la naturaleza, no se representa la fatalidad en un sentido abstracto, sino, a partir de la simbolización de la naturaleza en el hombre,  se crea una atmósfera para la inviabilidad del deseo a contravenir a los designios de la tierra. De este modo, si la novia huye es porque en su naturaleza se han creado condiciones, a partir de sus sentimientos, para hacerlo. Nada hay escrito en la nada, sino en la naturaleza humana.
Se manifiesta el deseo de romper las  convenciones sociales que no ayudan al crecimiento humano. Además, se plasma el deseo de cambiar la condición de la mujer, por ello, esta se presenta como una heroína que para vivir su amor y conseguir libertad debe enfrentarse a toda convencionalidad, rompiendo las cadenas de una sociedad acostumbrada a  someterla.





[1] García, Federico (2004). Bodas de sangre. Espasa, España, Madrid.

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