lunes, 5 de marzo de 2012

Analizando "Bodas de Sangre"(1) de Federico García Lorca



Bodas de Sangre es una obra escrita por el destacado representante de la Generación del 27, Federico García Lorca, en ella se plasma desde el título, una tragedia que involucra a personajes femeninos que, con el fin de alcanzar cierto grado de libertad y amor, transgreden las normas de la sociedad, la misma que se presenta como conservadora, que rotula el papel que la mujer debe cumplir en sociedad.

Para denunciar estos males, García Lorca, hace uso de una serie de simbolizaciones que van a tratar de graficar las dicotomías que se presentan: amor / desamor, razón / sentimiento, vida / muerte, hombre / mujer. En la figura femenina se plasma el deseo, del autor, de cambiar el papel de la mujer, de hacerla tan importante como la del hombre, buscando igualdad de condiciones en una nueva configuración de la sociedad, una que no nos enmarque en convencionalismos, sino,  que permita la expresión de la libertad, en todos sus aspectos.
 La fatalidad, lo trágico e inevitable viene dado por la fuerza de la naturaleza, cuya representación se manifiesta a lo largo de toda la obra. Esta idea muestra sus primeras luces en el primer acto con el personaje de la Madre, ella asume el sino trágico de su familia, por ese motivo es una constante que  rememore la muerte, en primer lugar, de su esposo, y en segundo lugar, de su hijo: “Primero, tu padre, que me olía  a clavel y lo disfruté tres años escasos. Luego, tu hermano…”. Su representación juega un papel importante, ya que, se muestra como una figura que percibe lo inevitable. Es más, pareciera que aceptara su destino: la pérdida de sus seres queridos. Los objetos como la navaja, el cuchillo y hasta las azadas, son instrumentos que detesta: “Malditas sean todas y el bribón que las inventó”, sabe que estos son armas fulminantes: “Todo puede cortar el cuerpo de un hombre”, y que por ellos perdió a parte de su familia. Sin embargo, asume la resignación del uso de una de esas armas por su hijo: “No sé cómo te atreves a llevar una navaja en tu cuerpo, ni como yo dejo a la serpiente dentro de tu arcón”. Quizá esta resignación se entienda a partir de dos postulados: en primer lugar, se puede manifestar que la navaja es un instrumento de sacrificio; en segundo lugar, el hombre se presenta como simbolización de la planta: “Dos hombres que eran dos geranios”, ambos al unificarse estarían ofrendando al elemento de la naturaleza: la tierra, esta como elemento que da vida estaría representando la continuación de la existencia de la familia de la Madre. Un segundo aspecto en el que se aprecia la fuerza de la naturaleza se encuentra en el segundo acto, en la manifestación de la novia en su conversación con Leonardo: “Y me arrastra y sé que me ahogo, pero voy detrás”. Asimismo, Leonardo poco antes de morir señala: “Que yo no tengo la culpa, /que la culpa es de la tierra”. En el tercer acto, también, esta misma fuerza insuperable inviabiliza el querer contravenir con los designios de la tierra, pues ya está marcada, ya tiene sus pautas, esto se manifiesta en la voz de los leñadores:

                        Leñador 1: se estaban engañando uno al otro y al final la sangre pudo más.
                        Leñador 2 : ¡La sangre!
                        Leñador 1: Hay que seguir el camino de la sangre.
                        Leñador 2: Pero sangre que ve la luz se la bebe la tierra. (pág.45)

En el texto dramático se plasma la presencia de elementos cargados de simbolismo. Desde el título de la obra: Bodas de sangre, hay una significado que se presenta sugerente, García Lorca, adelanta lo que ha de acontecer: un matrimonio en el que la muerte, el infortunio y la fatalidad estarán presentes. Estas referencias encuentran, su manifestación, en los objetos, colores, elementos naturales y hasta en personificaciones. De esta manera, se presentan la luna y la mendiga para simbolizar a la muerte, la luna como muerte propiamente personificada en un leñador, cuya función es cegar la vida de la naturaleza, en este caso la del hombre; ansía la sangre: “Pues esta noche tendrán mis mejillas roja sangre…”, y la mendiga como elemento que participa en complicidad con la luna para llevar a la muerte. Un elemento cargado de gran simbolismo es el erotismo cuya representación se manifiesta en el caballo, este muestra un empuje de la sexualidad que arrastra a Leonardo hacia el objeto de deseo: “Pero montaba a caballo y el caballo iba a tu puerta”. El elemento que simboliza la fatalidad es la navaja, ella representa la muerte, el destino trágico, se presenta en el inicio de la obra con la alusión que la Madre hace respecto de las muertes de su esposo e hijo, es con este mismo objeto que pierden la vida su último hijo y Leonardo. Inclusive los colores connotan a los personajes, el vestido de color negro hace referencia al sentimiento de tristeza que siente la novia por el matrimonio con una persona a quien no ama, el azahar (flor de color blanco) representa la pureza, la virginidad de la novia. “Quiero que sepa que yo soy limpia, que estaré loca, pero que me pueden enterrar sin que ningún hombre se haya mirado en la blancura de mis pechos”. Todos estos símbolos juegan un papel importante por su significación en cada elemento, permitiendo el entendimiento e interpretación que nos acerca a la obra.

Se postula el rompimiento del equilibrio social, en la representación de la figura de Leonardo. Si se repara en los nombres de los personajes se ha de notar que ninguno de ellos tiene nombre propio, estos están referidos como: la novia, el novio, la madre, la suegra, el padre, la vecina, etc. Solo un personaje se presenta con nombre propio y este es Leonardo. Esto se grafica de esta manera, debido a que él representa el rompimiento del equilibrio social, entendido como ente que transgrede las normas convencionales propias de la representación de esa sociedad. En la obra también hay un protagonismo de figuras masculinas, pero que se diferencian de aquel, ya que buscan la continuidad de las normas sociales. El padre de la novia se presenta como un personaje ambicioso que desea casar a su hija por la unión de tierras, sin importarle el sentimiento que esta guarda; el novio, se configura como un hombre trabajador, pasivo, subordinado a la madre, condescendiente con la novia. Es así que la figura de Leonardo guarda importancia porque rompe con estos esquemas sociales. Él, a pesar de estar casado y tener un hijo, no reprime el amor que siente por la novia, quien está dispuesta a respetar las normas de la tradición aceptando casarse con un hombre a quien no ama, manifiesta su apasionamiento, no oculta sus sentimientos a nadie, ni a su propia mujer. Va a ver a la novia cada día montado en su caballo, lo hace a ocultas porque sabe que “está mal”, porque es consciente de que lo pueden condenar. Sin embrago, se arriesga seduce a la novia, se fuga con ella, se libera de su encadenamiento y se deja llevar por su amor erótico:
                        Vamos al rincón oscuro,
                        donde yo siempre te quiera,
                        que no me importa la gente,
                        ni el veneno que nos echa. (pág.52)
Esta manifestación es el más claro rompimiento de las normas de la sociedad, por el sentimiento individualista y apasionado que manifiestan los personajes.

Existe una presencia de personajes femeninos que sirven como eje central para el desarrollo de la trama. Dentro del texto dramático la presencia de los personajes femeninos se manifiestan como una clara representación del papel que cumplían las mujeres en la sociedad de esa época, esto es, supeditadas al sufrimiento, y al sometimiento de la naturaleza masculina. Ello se aprecia en las figuras de la madre, la novia y la mujer de Leonardo; sin embrago, se plantea revertir esa condición en la configuración del accionar de la novia. Estos tres personajes femeninos viven en una sociedad que las limita en la elección y mejora de sus vidas. Así la mujer de Leonardo, vive sumisa frente a él, acepta que no tener su afecto, se resigna a ello, a esa vida de desamor. Incluso cuando es muerto su esposo su madre la condena al encierro y al más puro sufrimiento, como si, convencionalmente, fueran funciones de una mujer: “Tú a tu casa. Valiente y sola en tu casa. A envejecer y a llorar”. La Madre, no eligió ser una mujer destinada a llorar la muerte de su familia: primero la de su esposo, luego la de sus hijos, mas acepta ese destino trágico. Sin embargo, a diferencia de lo otros personajes, muestra una fortaleza cuando se trata de limpiar la honra de su hijo varón: aun sabiendo que la muerte le llegaría pide a su hijo, en nombre de la dignidad, ir tras de Leonardo: “¡Anda! ¡Detrás! No. No vayas. Esa gente mata pronto y bien…; pero sí, corre, y yo detrás”. Por último, la representación de la novia, primero, como mercancía que el padre posee para negociar, luego, como propiedad que pasa del padre al novio. Empero, ella abre las puertas a la liberación de la mujer al ir en contra de todo orden social y dejarse llevar por las pasiones. En esta figura se plasma el deseo, del autor, de cambiar el papel de la mujer, de hacerla tan importante como la del hombre, buscando igualdad de condiciones en una nueva configuración social.

Se presenta la dicotomía: razón/ pasión, como una lucha interna por conservar normas sociales, por un lado, y dejarse llevar por la pasión erótica, por otro. Esto está representado en la relación desatada entre Leonardo y la novia, ambos guardan sentimientos del pasado, no han olvidado su amor; por un lado se presenta una novia que acepta casarse para saciar la ambición de su padre: “Lo mío es de ella y lo tuyo de él, Por eso, para verlo todo junto, ¡que junto es una hermosura!”, su razón la lleva a aceptar al novio para juntar las tierras, tener hijo, hacer una vida; sin embargo, la pasión que siente por el amor del pasado, al escuchar el nombre de Leonardo hace que cambie su perspectiva y su relativa tranquilidad: “¡Mentira! ¡Mentira! ¿A qué viene aquí?”, le atormenta la idea de saberse que será de otro y no de él, hasta que seducida por Leonardo acepta huir con él, a pesar de haberse concretado el matrimonio, rompiéndose de este modo las normas sociales. Por otro lado, se presenta la figura de Leonardo, él siente amor por la novia, ese mismo sentimiento hace que todas las noches cabalgue hasta su casa para contemplarla desde sus aposentos, aunque siente que ello no está bien, pues él está casado tiene un hijo y la mujer a quien ama está comprometida. Existe una lucha interna en él, por un lado está su amor, por otro las barreras sociales que impiden se concretice esa unión. Ambos personajes emplean la razón para mantener la convencionalidad, no obstante la pasión, el amor, el erotismo puede más: “Yo no debo hablarte siquiera. Pero se me calienta el alma de que vengas a verme y atisbar mi boda…”, así de una lucha casi descarnada la pasión se impone como única manifestación de los sentimientos de ambos personajes, la misma que lleva al desarrollo de un final envuelto en una esfera trágica.

La obra Bodas de Sangre es un texto cargado de gran simbolismo, todo elemento que se presenta guarda significados que permiten una mejor comprensión acerca de la muerte, el amor, la libertad y el sentido de la fatalidad. Este representación del sino, se diferencia de la tragedia griega, porque se asumen elementos de la naturaleza, no se representa la fatalidad en un sentido abstracto, sino, a partir de la simbolización de la naturaleza en el hombre,  se crea una atmósfera para la inviabilidad del deseo a contravenir a los designios de la tierra. De este modo, si la novia huye es porque en su naturaleza se han creado condiciones, a partir de sus sentimientos, para hacerlo. Nada hay escrito en la nada, sino en la naturaleza humana.
Se manifiesta el deseo de romper las  convenciones sociales que no ayudan al crecimiento humano. Además, se plasma el deseo de cambiar la condición de la mujer, por ello, esta se presenta como una heroína que para vivir su amor y conseguir libertad debe enfrentarse a toda convencionalidad, rompiendo las cadenas de una sociedad acostumbrada a  someterla.





[1] García, Federico (2004). Bodas de sangre. Espasa, España, Madrid.

jueves, 1 de marzo de 2012

Una lectura de "Adiós Ayacucho"

La obra Adiós Ayacucho es una manifestación clara de la violencia de la que fueron víctimas muchos campesinos durante la guerra interna que vivió nuestro país desde principios de los años ochenta y que se extendió por más de dos décadas.En esta obra está representada la violencia que se efectuó por parte del Estado y cuyos pobladores, principalmente ayacuchanos, fueron los más
golpeados debido a que fue el espacio en el que se dio inicio el conflicto armado.

Alonso Cánepa es el personaje que permite darles la voz y la palabra a todos aquellos campesinos marginados y victimados por las fuerzas del estado.
Desde el título de la obra Adiós Ayacucho, Julio Ortega pretende señalarnos lo que presenta en su novela. Considero queesta nominación es muy sugerente, ya que expresa un significado denotativo: “Adiós” expresa la despedida y “Ayacucho”, a partir de su significación compuesta por dos palabras quechuas: “aya” significa muerto y “cucho” rincón o lugar, esta palabra expresa lugar o rincón de los muertos. Es decir, es un pueblo en el que “abundan” los muertos, ello debido a que el poblado ayacuchano fue el más azotado durante la guerra interna.

Alejarnos de nuestro territorio para ir a uno ajeno, donde la indiferencia e injusticia prima, es una situación dolorosa, sobretodo para el migrante provinciano. Se puede señalar que en Adiós Ayacuchose representa una doble despedida que es doblemente dolorosa.

La primera despedida ocurre cuando el personaje Alonso Cánepa es asesinado por las fuerzas del orden acusado de pertenecer al movimiento senderista. En esta primera despedida el cuerpo de Alonso Cánepa, como materia viva, se desvincula de su pueblo, cuando es asesinado, es decir, cuando ocurre la muerte física.

La segunda despedida ocurre cuando el cuerpo inerte de Alonso Cánepa se desvincula de su pueblo para dirigirse a Lima a recuperar sus huesos, aquí ocurre una “Muerte simbólica” tal como lo señalanVíctor Vich y Alexandra Hibbett en el epílogo[1] de la novela de Julio Ortega (2008:107). Esto está referido a que la muerte de Alonso Cánepa ha abierto una brecha entre la muerte y el descanso eterno debido a la incompletud de sus partes humanas, en este caso sus huesos. Se supone que la muerte debería significar el descanso eterno, pero a causa de la ausencia de sus miembros y a la falta de respuesta de por qué se ensañaron con él y con su cuerpo, no puede hacerlo. En Cánepa está el deseo de ir en busca de sus partes, desea recuperarlas, y a través de esto buscar al responsable de su muerte, encontrar la respuesta, quizá la reivindicación y descansar en paz. Por ello, la expresión: “Vine a Lima a recuperar mi cadáver”, es la más directa manifestación de la exigencia de Alonso Cánepa por recuperar su cadáver y junto con él encontrar al responsable directo de su asesinato.

En Adiós Ayacucho, se concibe la hegemonía del poder que se encuentra en el discurso a partir del diálogo que se entabla entre el antropólogo y Alonso Cánepa. La Antropología como ciencia social que estudia al hombre en su integridad, bajo sus múltiples dimensiones, que responden a una determinada cultura y, por tanto, formas de pensamiento, no asume juicios valorativos señalando la superioridad o “inferioridad” de una o más culturas.Sin embargo, el antropólogo asume juicios valorativos que suponen a la cultura que él representa: la occidental, superior a la cultura que representa Alonso Cánepa: la cultura del peruano profundo. Elidiendo de esta manera uno de los principios antropológicos: entender los distintos sentidos culturales.
- Para expresar mi vida sólo tengo mi muerte- había dicho yo, sabiendo que el otro diría: “Vallejo”, satisfecho de reconocer una cita, lo que me permitiría decir:
- Un
experto en estos asuntos- ilustrando así mi autoridad en el tema.
- Pero,
¿quién te crees tú?- volvió, sin embargo, el antropólogo-. ¿Drácula con su
siervo idiota?
- […]
¡El hombre biónico nativo! – se burló el limeño-. (35)

Pero la hegemonía del poder que se encuentra en el discurso rompe su estructura “normal”. Es decir, el discurso del antropólogo que es la representación de la mentalidad occidental atraviesa por un proceso de deconstrucción: La deconstrucción del discurso antropológico (Víctor Quiroz)[2], para asumir una posición de inferioridad en el discurso. En tanto que, el discurso de Alonso Cánepa que representa la mentalidad del indígena, de aquel peruano profundo, asume una posición de superioridad en el discurso, rompiendo los esquemas tradicionales. Esta deconstrucción se evidencia en tres aspectos: en el diálogo sobre el juicio de Atahualpa, sobre el informe de Uchuraccay y en la carta dirigida al presidente Belaúnde.

En el diálogo sobre el juicio de Atahualpa, Alonso Cánepa expresa, lo que considera sería el primer derrotero de la ciencia social, y particularmente de la antropología, ya que pone en evidencia el choque que hubo entre la oralidad andina, la palabracomo discurso, y la escritura (conocimiento occidental, que ostenta poder) bajo la imposición de esta última. En este aspecto el entendimiento humano respecto de la diferenciación de culturas, quedó desterrada por el sentido colonizador.

- ¿Tú crees que el cura Valverde era antropólogo?
- […] Pero fíjate se portó como un científico social. Preparó un verdadero juicio del inca Atahualpa, anticipando su repuesta, y confirmando sus propias ideas. Era muy zorro ese curita.
- […] El Inca no había visto nunca un libro y cuando Valverde le alcanza la Biblia se la lleva a la oreja, creyendo que le hablaría.
- […]Acuérdate que Valverde le hace un discurso a Atahualpa. Es el primer encuentro de los
españoles y los incas. Pero el Inca arroja la Biblia al suelo, y esa era la señal convenida para atacar.(29)

En el Informe de Uchuraccay, se plasma la articulación entre el conocimiento y el poder que posee una sociedad que no respeta al “otro” como sujeto de par, sino que lo excluye, lo margina y lo subalterniza. En este sentido la novela representa con rechazo esta forma de concebir a la sociedad andina a partir del diálogo manifestado por Alonso Cánepa. Cuya pretensión es denunciar cómo la concepción de la modernización, que recae en la mentalidad colonial, remite a relegar a la cultura andina, rotulándola de “primitiva” y sin nociones de “modernidad”.

- Pero fíjate en el discursito de la comisión de Belaúnde en Uchuraccay- Volví a la carga, armado de paciencia, sabiendo que la batalla sería larga.
- […] Es el discurso de tus colegas antropólogos, ¿verdad? “Venimos en nombre del tayta Belaúnde, ya sabemos que ustedes mataron a los ocho periodistas porque estaban en un estado de confusión cultural, y que ustedes tiene sus propias costumbres y modos de hacer justicia, o sea que la policía no los instigó a esa matanza, ya que ustedes confundieron a los periodistas con guerrilleros”. Igualito que el discurso de Valverde, ¿no? (30)

En este sentido se aprecia cómo la mentalidad colonial concibe las diferencias culturales a partir de la concepción del atraso atribuido a esta “otra cultura”, de allí que se emplee el término de “Peruano profundo” para hacer referencia al sujeto subalternizado. Condición de la que es plenamente consciente Cánepa.
- Sí
- replicaba él, caústico-, por delicado es que te sacaron la chochoca, ¿no?
- No,
pues - protesté - , por peruano profundo. (27)
Sin embargo, en la novela, Alonso Cánepa pretende rebatir la condición de subalterno efectuada por la antropología, remitida en el Informe de Uchuraccay, mediante el empleo del discurso, como se aprecia en la siguiente reflexión:

Yo discrepaba totalmente de ese informe exculpador de los métodos de la guerra sucia, pero creía conocer bien la lógica estatal como para saber que alguien, hoy en Uchuraccay como ayer en Cajamarca, tenía que darle al Estado una argumentación formal. Sólo faltaba ver cuánta violencia podía desatar ese Estado antes de anegarse en sangre, ya sin justificación dominante posible. (41)
Como se aprecia en la cita referida, Cánepa está en total desacuerdo sobre los informes que remiten los acontecimientos en la historia, informes que minimizan la problemática social, violentando la cultura indígena, conduciéndola a un estatus de inferioridad. Estatus en el que se ha mantenido desde lo acontecido en Cajamarca. Es por ello que se mencionan ambos hechos (Cajamarca y Uchuraccay) como un hilo conductor que explica cómo se llega a concebir a la cultura indígena como subalterna, a partir de los precedentes en la historia y que han dejado sus huellas en la actualidad.

Referente a la carta dirigida al presidente Belaúnde, en Alonso Cánepa se puede apreciar su juicio crítico respecto a la problemática del sistema. Él distingue con precisión la raíz de la violencia en la sociedad, la pone en evidencia. Alonso Cánepa es consciente de cuál es el origen de la violencia generalizada. Ubica al responsable directo de dicha violencia, en este caso en el sistema que dirige el presidente Belaúnde, y la manifiesta en una de las cartas dirigidas a él:

Sus periodistas han determinado que la violencia se origina en Sendero Luminoso. No, señor, la violencia se origina en el sistema, y en el Estado que usted representa. Se lo dice una de sus víctimas, que no tiene ya nada que perder. Se lo digo por experiencia propia. Sus abogados han determinado que las leyes del Estado no se aplican a los excesos de violencia de mismos campesinos, instigados por las fuerzas antisubversivas, como si el Estado no representara a las naciones del país (y es verdad que lo hace mal), pero esa noción jurídica primitivista y paternalista sirve, reveladoramente, para encubrir a los verdaderos culpables de la matanza campesina, multiplicada por las fuerzas de la represión. Anote que aquí mueren más campesinos que terrucos y milicios. (43-44)

En este extracto de la novela podemos apreciar la claridad en el pensamiento de Alonso Cánepa al referir que la violencia del que ha sido víctima, al igual que muchos otros campesinos, no recae en el movimiento senderista; sino en el sistema, que ha permitido se genere y radicalice.
Vemos que ese sujeto subalterno da inicios a la construcción de su propio pensamiento, y adopta una postura que difiere de la postura del Estado, al que denuncia por violar los Derechos Humanos y el sistema de leyes, y por considerarlo responsable directo de su muerte y la muerte de la población que ostenta su misma condición. Al dejar las zonas campesinas en manos de las decisiones de los militares cuando fueron declaradas zonas de emergencia.

El hecho de que el antropólogo escriba la carta dictada por Alonso Cánepa, expresa que el orden “normal” del discurso antropológico se va desvirtuando. Porque ese hombre indígena, Cánepa, de ser objeto de estudio del antropólogo, va obteniendo mayor notoriedad, más allá de los pensamientos del antropólogo y asume une postura activa y racional, y cuya capacidad de respuesta es más contundente que la del antropólogo.

En esta novela también se resalta una contraposición entre lo urbano y lo rural, así como el grado de sensibilidad que manifiesta el hombre urbano y el hombre rural. El primero se apoya en la mentalidad occidental, el segundo en lo propiamente indígena, pero ambos agentes están enmarcados en un sistema de violencia.

Lo urbano en la novela se presenta como una realidad caótica, desordenada, deshumanizada, donde abundan los locos, los mendigos, la delincuencia. Un centro afectado también por la violencia y el sistema de poder. “Alsalir a la calle el intenso olor me resultó familiar. Lima olía imparcialmente a orines” (72).Y en este marco referencial la insensibilidad y la capacidad crítica del hombre se desvinculan de él, volviéndose en amenazas frente al sufrimiento del hombre de campo, es una insensibilidad que degrada la condición humana.

- Le falta un ojo. Qué bestia- Dijo alguien con admiración.
- […] ¿Cómo perdió el brazo? – preguntó el tipo.
- Me lo arrancó la policía – dije.
- Por algo será – dijo otro.
- ¿Y la pierna es de nacimiento o está de moda en Ayacucho? – se burló alguien.
- También me la arrancó la policía.
- Tiene que ser un tipo súper peligroso – se alarmó una mujer.
- ¿Y cómo sobrevivieron a tanta policía? – preguntó uno.
- No sobreviví – dije, humilde -, me morí no más. Rieron todos y aplaudieron.

En este fragmento podemos apreciar cómo la indiferencia e insensibilidad del espacio urbano se manifiesta en la vacuidad del espíritu del hombre, al no manifestar menor conmiseración por la violencia que sufrió Alonso Cánepa. Estos personajes no se inmutan por su forma, por su condición física. Se presentan en la novela como personas deshumanizadas sin capacidad para el razonamiento propio. De esta manera se manifiesta cómo la urbe asimiló la violencia política. En la concepción urbana cada víctima representaba ser parte de la estadística. Ese grado de degradación del hombre se representa generalizado en la figura de “Petiso”. Él, a pesar de ser un niño, no siente menor asombró por la condición de Cánepa, ni remordimiento al traicionarlo, ha perdido la inocencia y la candidez propias de su edad para asumir los rasgos de una sociedad urbana degradada.

Por el contrario, lo rural representa un grado elevado de sensibilidad, hacia el propio espacio y hacia su propia gente: “Si me descubriese una gente de la puna, seguramente se echaría a llorar…” (27). Sensibilidad que no encuentra en la ciudad y que frente a esta indiferencia, la locura pareciera ser una vía para ser considerado ser humano.En contraposición a ese mundo caótico, lo rural se presenta como un lugar añorado: Sentí una profunda necesidad de descansar. Vi los campos verdes y amarillos de mi pueblo, sus cerros amables y sus vivas aguas. (72)

Es importante señalar el sentido que tiene la memoria en la novela, éste está representado en la memoria de Alonso Cánepa. Él no olvida su muerte, va a Lima en busca de sus partes, pero sobretodo va a buscar al responsable directo, para que responda el porqué de su asesinato, por qué se ensañaron con él, con su cuerpo, por qué se llevaron sus huesos, por qué lo degradaron de su condición humana. Y junto con estas interrogantes están las de los cientos de campesinos que fueron brutalmente asesinados por las fuerzas del Estado. Quizá, me atrevo a señalar, en la novela, nunca se llevaron sus huesos, quizá es una mención simbólica que el autor hace para referirse al grado de violencia que el Estado impuso para contrarrestar la subversión, y que esa violencia estaba dirigida desde la capital.

En este punto, el sentido de la memoria posee una doble función: en primer lugar, permite recordar el pasado, referido a la época de la violencia política, los abusos cometidos en ese contexto, para alcanzar una reivindicación en el presente y sobretodo con la comunidad campesina; en segundo lugar, la memoria como manifestación viva de la esperanza de construir una nueva sociedad, más justa, noble y sensible. Que integre a la población indígena, que la reivindique en su esencia y en su manifestación cultural.

Y en este sentido la simbolización de la esperanza de que en un futuro se pueda cambiar el sistema mediante una revolución, se concibe a partir del significado que se desprende del enunciado del final de la obra: “Ya me levantaría en esta tierra como una columna de piedra y de fuego” (79). El fuego, es concebido como elemento purificador, que destruye lo malo y lo viejo, bajo esta perspectiva estaría destruyendo el viejo sistema, el que es injusto, el que denigra, el que subalterniza. La piedra, como elemento simbólico del mundo andino, representa la memoria cultural acumulada a lo largo de la historia. En ella el tiempo guarda los aconteceres. […] La piedra es tiempo, razonamiento, camino que se conserva como referente para abrir el paso al futuro. (Huamán 2004: 203).
Lo que se expresa en este último aspecto es la manifestación viva del texto que recae en el deseo del personaje Alonso Cánepa de recordar la época de violencia, de guardarla en su registro memorial, que está simbolizada en la piedra, actualizarla y,mediante el fuego como elemento purificador, reivindicar a la cultura indígena cambiando la estructura social mediante una nueva revolución.

Podemos señalar, entonces, queAdiós Ayacucho es una novela que simboliza la violencia política, a partir de la representación física de Alonso Cánepa y de los diálogos que entabla en la obra. Vemos que el subalterno obtiene la palabra para poder expresarse, contrarrestar, cuestionary criticar el discurso oficialista que desentiende la realidad y concepción del mundo andino, que los concibe a partir de una mirada subalterna, diferenciadora y excluyente. Los diálogos permiten deconstruir ese concepto creado a partir de la modernidad y ahondar en la intimidad de los sentimientos y deseos del hombre de campo, manifestándonos el rechazo por el grado de violencia política generalizada y sus aspiraciones, mediante el empleo de la concepción mítica andina que alude al Pachacuti, de poder conseguir la reivindicación a partir de la construcción de una nueva sociedad, aquella que sea integradora, inclusiva, más justa, sensible y más humana.

[1] Epílogo que presenta el ensayo titulado: La risa irónica de un cuerpo roto: Adiós Ayacucho de julio Ortega
(2008).
[2]Ficciones de la memoria. La
novela del conflicto armado interno (1980-2000) y las tensiones de la
modernidad colonial en el Perú. Artículo publicadoen la
Revista Virtual “El hablador”. www.elhablador.com/quiroz1.htm